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La Ciudad Eterna, con toda razón así también se le llama a Roma. Sabemos que no se les escapa pero de todas formas, ha tratado de decir el nombre de esta ciudad al revés. Por eso y muchas razones más también se le llama la capital del Amor. Muy linda es esta ciudad, y como las otras capitales de Europa, que ya encontraremos el tiempo para ir presentando, es única. |
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Aunque Roma de por sí tiene todo lo que cualquier otra capital tiene, o puede llegar a desear, ha sido la sede de uno de los sistemas de gobierno más extensos y prolongados que el mundo ha conocido. También es la sede de una de las religiones más admirables de este planeta. Lo cual, sumado al carácter hospitalario y alegre de sus ciudadanos, la hace un destino ideal para los que quisiéramos ver todos los rincones que el camino se reserva. |
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Los romanos son simpáticos porque aunque son sumamente cultos, son también sumamente impulsivos y alegres, lo cual es la fórmula perfecta para hacer cualquier cosa. Nos imaginamos que usualmente se están tranquilos porque saben que las romanas también lo son, lo único que más. Un verdadero placer estar entre esta gente, aunque algo peligroso porque la acción es continua. Llevando esto a un plano de un poco de seriedad, son muy buenas personas, al menos todos los que nosotros llegamos a conocer. |
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¡Oh! el Coliseo, del cual le debemos las fotos porque cuando vinimos a ver ya estábamos allí, es una construcción imposible de describir. Las fuentes de mármol por todas partes, cualquiera de ellas sería la pieza primordial en muchos museos y allí las vemos tan naturales como el primer día que se instalaron, maravilloso. Y tantas y tantas joyas más, al alcance de la mano del visitante que nos hace reaccionar y reconocer que no se les puede poner precio porque es tanto su valor, no sólo artístico sino cultural, que el solo arañar una de estas obras sería un crimen a la humanidad. Admirar una de esas fuentes es celebrar la vida. |
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Hablar de Roma es hablar de la civilización occidental. Esta es la cuna de todo lo bueno que en Europa y las Américas hemos logrado. Quisiéramos presentarla en todo su esplendor, pero nuestro viaje fue demasiado corto y realmente, la culpa es nuestra. Si el camino nos lo permite, nuestros deseos son regresar y entonces, trataremos de ser más complacientes. |
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